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martes, 6 de diciembre de 2022

En torno a la fiesta de la Inmaculada

Inmaculada Concepción (1629)
Pedro Pablo Rubens - Museo Nacional El Prado


Siendo del Cielo la Reina,
de la creación maravilla,
María es la más discreta,
la más humilde y sencilla.

Si contemplas en silencio
como transcurre su vida,
irás descubriendo atento
de su entrega la medida.

Siempre callada y dispuesta,
siempre amable y servicial,
mientras vivía en su aldea,
era como las demás;
más si te asomas por dentro,
al admirar su interior,
descubrirás los secretos
que guarda en su corazón:

concebida sin pecado,
de siempre por Dios amada,
por la gracia que le ha dado,
es MARÍA INMACULADA.

José García Velázquez









¿La vida sin pecado es aburrida?

En la fiesta de la Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida. Es la dimensión dramática de ser autónomos; parece que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos formara parte del verdadero hecho de ser hombres; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser. Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, es necesario.

Pero al mirar el mundo que nos rodea, vemos que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la libertad del bien.

El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás; sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.

Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.


Benedicto XVI
homilía del 8 de diciembre de 2005

domingo, 27 de noviembre de 2022

La Corona de Adviento




La corona de adviento hunde sus raíces en las costumbres paganas del norte de Europa, entre los siglos IV y VI. Durante el frío y la oscuridad de diciembre, se trenzaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera.

En el siglo XVI se comenzó a utilizar este símbolo en Alemania durante el Adviento: Jesús es la Luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas, que ser van encendiendo progresivamente, domingo tras domingo, anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.

El benedictino y experto en liturgia Juan Javier Flores Arcas, del monasterio de Silos, anima a cada familia cristiana a elaborar su propia corona en Adviento y ponerla en un lugar visible de la casa, tratando de incluir en ella los cuatro elementos básicos: las ramas verdes trenzadas en formas circular, las cuatro velas (tres moradas y una de ellas rosada), una cinta roja que rodea todo el conjunto, y algún adorno de colores, como frutas secas, bolas navideñas o piñas. «De ese modo la celebración litúrgica entra en las costumbres caseras y empapa de sentido cristiano y esperanza mesiánica toda la vida del cristiano».

El Bendicional de la Conferencia Episcopal, propone una oración de bendición de la corona que puede hacer no sólo un clérigo sino también un laico, según la fórmula aprobada.




Oremos

La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo
ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo
de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

sábado, 26 de noviembre de 2022

Adviento: Comienza un nuevo año litúrgico



El Adviento es el comienzo del Año Litúrgico, empieza el domingo 27 de noviembre y termina el 24 de diciembre. Son los cuatro domingos anteriores a la Navidad y forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

El término "Adviento" viene del latín adventus, que significa venida, llegada. El color usado en la liturgia de la Iglesia durante este tiempo es el morado. Con el Adviento comienza un nuevo año litúrgico en la Iglesia.

El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

Se puede hablar de dos partes del Adviento:

Primera Parte

Desde el primer domingo al día 18 de diciembre, con marcado carácter escatológico, mirando a la venida del Señor al final de los tiempos;

Segunda Parte

Desde el 18 de diciembre al 24 de diciembre, es la llamada "Semana Santa" de la Navidad, y se orienta a preparar más explícitamente la venida de Jesucristo en las historia, la Navidad.

Las lecturas bíblicas de este tiempo de Adviento están tomadas sobre todo del profeta Isaías (primera lectura), también se recogen los pasajes más proféticos del Antiguo Testamento señalando la llegada del Mesías. Isaías, Juan Bautista y María de Nazaret son los modelos de creyentes que la Iglesias ofrece a los fieles para preparar la venida del Señor Jesús.

domingo, 19 de diciembre de 2021

Lo que te ha dicho el Señor se cumplirá

La Visitación - Giulio Romano (1517)
Museo Nacional El Prado

 


La fe impulsa la caridad

Sin fe, inevitablemente permanecemos sordos a la voz consoladora de Dios; y seguimos sin poder pronunciar palabras de consuelo y esperanza para nuestros hermanos. Y lo vemos todos los días: las personas que no tienen fe o que tienen una fe muy pequeña, cuando tienen que acercarse a una persona que sufre, les dicen palabras de circunstancia, pero no pueden llegar al corazón porque no tienen fuerzas. No tiene fuerza porque no tiene fe, y si no tiene fe, las palabras que llegan al corazón de los demás no vienen.

La fe, a su vez, se nutre de la caridad. El evangelista nos dice que «se levantó María y se fue con prontitud» hacia Isabel: no ansiosa, sino con prontitud, en paz. Podría haberse quedado en casa para prepararse para el nacimiento de su hijo; en cambio, se preocupa primero de los demás que de sí misma, demostrando que ya es una discípula de ese Señor que lleva en su vientre.

El evento del nacimiento de Jesús comenzó así, con un simple gesto de caridad; la auténtica caridad es siempre el fruto del amor de Dios. La visita de María a Isabel, que escuchamos hoy en la misa, nos prepara para vivir bien la Navidad, comunicándonos el dinamismo de la fe y la caridad. Este dinamismo es obra del Espíritu Santo: el Espíritu de amor que fecundó el seno virginal de María y que la instó a acudir al servicio de su pariente anciana. Un dinamismo lleno de alegría, como vemos en el encuentro entre las dos madres, que es todo un himno de júbilo alegre en el Señor, que hace grandes cosas con los pequeños que se fían de él.

Que la Virgen María nos obtenga la gracia de vivir una Navidad extrovertida, pero no dispersa, extrovertida: en el centro no está nuestro «Yo», sino el Tú de Jesús y tú de los hermanos, especialmente aquellos que necesitan ayuda. Entonces dejaremos espacio al amor que, también hoy, quiere hacerse carne y venir a vivir entre nosotros.

Papa Francisco, 23 de diciembre de 2018






Vivir la Navidad acogiendo al otro


La escena de la Visitación expresa la belleza de la acogida: donde hay acogida recíproca, escucha, espacio para el otro, allí está Dios y la alegría que viene de Él.

En el tiempo de Navidad imitemos a María, visitando a cuantos viven en dificultad, en especial a los enfermos, los presos, los ancianos y los niños. E imitemos también a Isabel que acoge al huésped como a Dios mismo: sin desearlo, no conoceremos nunca al Señor; sin esperarlo, no lo encontraremos; sin buscarlo, no lo encontraremos.

Con la misma alegría de María que va deprisa donde Isabel, también nosotros vayamos al encuentro del Señor que viene. Oremos para que todos los hombres busquen a Dios, descubriendo que es Dios mismo quien viene antes a visitarnos. A María, Arca de la Nueva y Eterna Alianza, confiamos nuestro corazón, para que lo haga digno de acoger la visita de Dios en el misterio de su Nacimiento.

Benedicto XVI, 23 de diciembre de 2012

domingo, 12 de diciembre de 2021

¿Que debemos hacer?

San Juan Bautista - Tiziano (1532)
Galleria de la Academia - Venecia

 

La alegría del mundo y la alegría de Dios


El llamamiento del profeta Sofonías a la alegría, en la primera lectura, es particularmente apropiado mientras nos preparamos para la Navidad porque se aplica a Jesús, el Emmanuel, el Dios-con-nosotros: su presencia es la fuente de la alegría.

Este mensaje encuentra su pleno significado en el momento de la anunciación a María, narrada por san Lucas. Las palabras del ángel Gabriel a la Virgen son como un eco de las del profeta.


«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

En una aldea perdida de Galilea, en el corazón de una joven mujer desconocida para el mundo, Dios enciende la chispa de la felicidad para todo el mundo. Y hoy el mismo anuncio va dirigido a la Iglesia, llamada a acoger el Evangelio para que se convierta en carne, vida concreta. Dice a la Iglesia, a todos nosotros: «Alégrate, pequeña comunidad cristiana, pobre y humilde aunque hermosa a mis ojos porque deseas ardientemente mi Reino, tienes sed de justicia, tejes con paciencia tramas de paz, no sigues a los poderosos de turno, sino que permaneces fielmente al lado de los pobres. Y así no tienes miedo de nada, sino que tu corazón está en el gozo». Si vivimos así, en la presencia del Señor, nuestro corazón siempre estará en la alegría.

También san Pablo hoy nos exhorta a no angustiarnos, a no desesperarnos por nada, sino a presentarle a Dios, en toda circunstancia, nuestras peticiones, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones, «mediante la oración y la súplica». Ser conscientes que, en medio de las dificultades, podemos siempre dirigirnos al Señor, y que Él no rechaza jamás nuestras invocaciones, es un gran motivo de alegría. Ninguna preocupación, ningún miedo podrá jamás quitarnos la serenidad que viene no de las cosas humanas, de las consolaciones humanas, sino de Dios, del saber que Dios guía amorosamente nuestra vida, y lo hace siempre. También en medio de los problemas y de los sufrimientos, esta certeza alimenta la esperanza y el valor.

Pero para acoger la invitación del Señor a la alegría, es necesario ser personas dispuestas a cuestionarnos. Yo ¿qué debo hacer? Esta pregunta es el primer paso para la conversión que estamos invitados a realizar en este tiempo de Adviento. Cada uno de nosotros se pregunte: ¿qué debo hacer? Una cosa pequeña, pero «¿qué debo hacer?». Y la Virgen María, quien es nuestra madre, nos ayude a abrir nuestro corazón a Dios al Dios-que-viene, para que Él inunde de alegría toda nuestra vida.

Papa FRANCISCO, 16 de diciembre de 2018



¿Que debemos hacer?




Las reglas morales son instrucciones que se dan para operar la maquinaria humana. Toda regla moral fue establecida para prevenir un rompimiento, una tirantez, una fricción, en el funcionamiento de tal maquinaria. Es por ello que a primera vista parecen ser una interferencia en nuestras inclinaciones naturales. Cuando se nos está enseñando el uso de una máquina, el instructor siempre nos está diciendo: "No, eso no se hace de esa manera", porque hay muchas cosas que parecen ser la manera natural de operar una máquina, pero que en realidad no la hacen operar bien.

Existen dos formas en las cuales la máquina humana funciona mal. Una es cuando los individuos humanos se apartan unos de otros, o cuando chocan unos con otros y se causan daño por medio del engaño o la discusión. La otra es cuando las cosas van mal en lo íntimo del individuo; cuando las diferentes partes que lo componen, sus diferentes facultades y deseos, o bien se apartan unas de otras o bien se interfieren entre sí. Pensemos en nosotros mismos como una flota de barcos que navegan en formación: sólo tendrá éxito el viaje si, en primer lugar, los buques no chocan entre sí y no se meten uno en la ruta del otro; y en segundo lugar, si cada uno de los buques está bien acondicionado para la navegación y tiene sus motores en buen estado.

Hay algo más. No hemos preguntado adónde quiere llegar la flota, ni qué partitura musical quiere la banda tocar. Los instrumentos pueden estar a tono y entrar en el momento apropiado, pero aun así la ejecución no será un éxito si la banda ha sido contratada para un baile festivo y la música que ejecuta la de un funeral. Y por bien que navegue la flota, el viaje sería un fracaso si tuvo en mente fue llegar a Nueva York pero llega a Calcuta.

La moralidad, entonces, tiene que ver con estas tres cosas. Primero, con el juego limpio y la armonía entre los individuos. Segundo, con lo que podría ser llamado ordenar o armonizar las cosas en lo íntimo de cada individuo. Tercero, con el propósito general de la vida humana considerada como un todo: para qué fue creado el hombre; el derrotero que la flota ha de seguir; la partitura que el director de la banda desea tocar.

C.S. LEWIS, Mero cristianismo, Libro III

miércoles, 8 de diciembre de 2021

En torno a la fiesta de la Inmaculada

Inmaculada Concepción (1629)
Pedro Pablo Rubens - Museo Nacional El Prado


                    Siendo del Cielo la Reina,
                    de la creación maravilla,
                    María es la más discreta,
                    la más humilde y sencilla.

                    Si contemplas en silencio
                    como transcurre su vida,
                    irás descubriendo atento
                    de su entrega la medida.

                    Siempre callada y dispuesta,
                    siempre amable y servicial,
                    mientras vivía en su aldea,
                    era como las demás;
                    más si te asomas por dentro,
                    al admirar su interior,
                    descubrirás los secretos
                    que guarda en su corazón:

                    concebida sin pecado,
                    de siempre por Dios amada,
                    por la gracia que le ha dado,
                    es MARÍA INMACULADA.

                            José García Velázquez







¿La vida sin pecado es aburrida?

En la fiesta de la Inmaculada Concepción brota en nosotros la sospecha de que una persona que no peca, en el fondo es aburrida; que le falta algo en su vida. Es la dimensión dramática de ser autónomos; parece que la libertad de decir no, el bajar a las tinieblas del pecado y querer actuar por sí mismos formara parte del verdadero hecho de ser hombres; que debemos poner a prueba esta libertad, incluso contra Dios, para llegar a ser realmente nosotros mismos. En una palabra, pensamos que en el fondo el mal es bueno, que lo necesitamos, al menos un poco, para experimentar la plenitud del ser. Pensamos que pactar un poco con el mal, reservarse un poco de libertad contra Dios, en el fondo está bien, es necesario.

Pero al mirar el mundo que nos rodea, vemos que no es así, es decir, que el mal envenena siempre, no eleva al hombre, sino que lo envilece y lo humilla; no lo hace más grande, más puro y más rico, sino que lo daña y lo empequeñece. En el día de la Inmaculada debemos aprender más bien esto: el hombre que se abandona totalmente en las manos de Dios no se convierte en un títere de Dios, en una persona aburrida y conformista; no pierde su libertad. Sólo el hombre que se pone totalmente en manos de Dios encuentra la verdadera libertad, la libertad del bien.

El hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo. El hombre que se pone en manos de Dios no se aleja de los demás; sólo entonces su corazón se despierta verdaderamente y se transforma en una persona sensible y, por tanto, benévola y abierta.

Cuanto más cerca está el hombre de Dios, tanto más cerca está de los hombres. Lo vemos en María. El hecho de que está totalmente en Dios es la razón por la que está también tan cerca de los hombres. Por eso puede ser la Madre de todo consuelo y de toda ayuda, una Madre a la que todos, en cualquier necesidad, pueden osar dirigirse en su debilidad y en su pecado, porque ella lo comprende todo y es para todos la fuerza abierta de la bondad creativa.


Benedicto XVI
homilía del 8 de diciembre de 2005

domingo, 5 de diciembre de 2021

La espera de Cristo, preparad los caminos... Segundo Domingo de Adviento

San Juan Bautista señalando al Mesias
Paolo de Matheis (1723) - Museo Nacional El Prado

 

Para preparar el camino al Señor que viene, es necesario tener en cuenta los requisitos de conversión a la que invita el Bautista. ¿Cuáles son estos requisitos? Ante todo, estamos llamados a rellenar los barrancos causados por la frialdad y la indiferencia, abriéndonos a los demás con los mismos sentimientos de Jesús, es decir, con esa cordialidad y atención fraterna. No se puede tener una relación de amor, de fraternidad, de caridad con el prójimo si hay “agujeros”, así como no se puede ir por un camino con muchos baches. Hace falta cambiar de actitud.

Después es necesario rebajar tantas asperezas causadas por el orgullo y la soberbia. Cuánta gente, quizás sin darse cuenta, es soberbia, áspera, no tiene esa relación de cordialidad. Hay que superar esto haciendo gestos concretos de reconciliación con nuestros hermanos, de solicitud de perdón por nuestras culpas. No es fácil reconciliarse, siempre se piensa: ¿quién da el primer paso? Pero el Señor nos ayuda a hacerlo si tenemos buena voluntad. La conversión, de hecho, es completa si lleva a reconocer humildemente nuestros errores, nuestras infidelidades, nuestras faltas.

El creyente es aquél que, a través de su hacerse cercano al hermano, como Juan el Bautista, abre caminos en el desierto, es decir, indica perspectivas de esperanza incluso en aquellos contextos tortuosos, marcados por el fracaso y la derrota. No podemos rendirnos ante las situaciones negativas de cierre y de rechazo; no debemos dejarnos subyugar por la mentalidad del mundo, porque el centro de nuestra vida es Jesús y su palabra de luz, de amor, de consuelo. ¡Es Él!

También hoy, los discípulos de Jesús estamos llamados a ser sus testigos humildes pero valientes para reencender la esperanza. Pensemos, pues: ¿cómo puedo cambiar algo de mi actitud, para preparar el camino al Señor?


Papa Francisco, 9 de diciembre de 2018






El Salvador - Museo Nacional El Prado
El Greco (1608-1614)

La Espera de Cristo

El tiempo de Adviento tiene un doble carácter: es el tiempo de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el que las mentes se dirigen hacia la espera de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento se, nos manifiesta como tiempo de una expectación al mismo tiempo piadosa y alegre (Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario n. 39).

La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II ha salvado los dos sentidos del Adviento: preparación para la Navidad y espera de la segunda venida de Cristo. Desde el primer domingo de adviento hasta el 16 de diciembre se resalta más el aspecto escatológico, orientando el espíritu hacia la espera de la gloriosa venida de Cristo, y del 17 al 24 de diciembre, tanto en la misa como en la liturgia de las horas, todos los textos se orientan más directamente a preparar la Navidad. Los dos prefacios de adviento expresan acertadamente las características de una y otra fase.

Destacan en este tiempo claramente tres figuras bíblicas: el profeta Isaías, que se lee a lo largo de todo el Adviento en la primera lectura, y encargado de levantar la esperanza de Israel en los momentos más críticos de su historia, san Juan Bautista, precursor del Mesías, y la Virgen María, como la máxima cooperadora del Misterio de la Redención.



lunes, 29 de noviembre de 2021

La Corona de Adviento




La corona de adviento hunde sus raíces en las costumbres paganas del norte de Europa, entre los siglos IV y VI. Durante el frío y la oscuridad de diciembre, se trenzaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera.

En el siglo XVI se comenzó a utilizar este símbolo en Alemania durante el Adviento: Jesús es la Luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas, que ser van encendiendo progresivamente, domingo tras domingo, anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.

El benedictino y experto en liturgia Juan Javier Flores Arcas, del monasterio de Silos, anima a cada familia cristiana a elaborar su propia corona en Adviento y ponerla en un lugar visible de la casa, tratando de incluir en ella los cuatro elementos básicos: las ramas verdes trenzadas en formas circular, las cuatro velas (tres moradas y una de ellas rosada), una cinta roja que rodea todo el conjunto, y algún adorno de colores, como frutas secas, bolas navideñas o piñas. «De ese modo la celebración litúrgica entra en las costumbres caseras y empapa de sentido cristiano y esperanza mesiánica toda la vida del cristiano».

El Bendicional de la Conferencia Episcopal, propone una oración de bendición de la corona que puede hacer no sólo un clérigo sino también un laico, según la fórmula aprobada.




Oremos

La tierra, Señor, se alegra en estos días,
y tu Iglesia desborda de gozo
ante tu Hijo, el Señor,
que se avecina como luz esplendorosa,
para iluminar a los que yacemos en las tinieblas
de la ignorancia, del dolor y del pecado.

Lleno de esperanza en su venida,
tu pueblo ha preparado esta corona
con ramos del bosque
y la ha adornado con luces.

Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo
de preparación para la venida de tu Hijo,
te pedimos, Señor,
que, mientras se acrecienta cada día
el esplendor de esta corona, con nuevas luces,
a nosotros nos ilumines
con el esplendor de aquel que,
por ser la luz del mundo,
iluminará todas las oscuridades.
Él que vive y reina por los siglos de los siglos.

Amén.

10 ideas para Adviento para católicos atareados

Muchos católicos sienten que el Adviento se les escapa: la Navidad lo devora, es más corto que la Cuaresma. Debería incluir momentos de tranquilidad y reflexión, de preparación espiritual, pero suele estar colonizado por actividades prenavideñas y cenas de empresa y gestiones para la familia.


1. Lee algo devocional, corto, cada día... coméntalo con más gente

Puedes juntar a tu familia, o a tu cónyuge, y leer juntos cada día algo muy breve de tema espiritual.

También es posible ponerse de acuerdo con unos amigos para leer cada uno en su casa algún librito espiritual y quedar luego todos en alguna casa para comentarlo.

2. Consigue ratos para estar en silencio

Adviento es una época cristiana de silencio y cierta oscuridad, en contraste con la Navidad consumista que es alborotadora y llena de luces. Hay que buscar ratos de silencio "que no sean la hora de ir a la cama. Quizá basta con repetir la oración 'Ven, Señor Jesús' en voz baja, lentamente, mientras respiras con los ojos cerrados. Esto se puede hacer en tu cocina, en tu oficina..."

3. Di "no" a tantas invitaciones, está bien hacerlo

No es obligatorio ir a todas las fiestas a las que nos invitan estos días, ni ir al centro comercial continuamente a por regalos. Podemos ir a menos sitios. Sin embargo, padres y abuelos de niños sí deberían acompañarles a algunas actividades importantes de estas fechas. Hay que discernir.

4. Busca música de adviento: canciones que invitan a Jesús

"Ven, divino Mesías", "Emnanuel", etc... son frases que invocan y anhelan la venida de Jesús, que es el gran tema del Adviento.


 

5. Decora algo ya, un poco

En casa o en otros ambientes de trabajo e iglesia ya puedes poner algunos decorados navideños. Quizá basta con poner el belén. Quizá ya puedes poner el árbol.

6. Pon la Corona de Adviento, enciende sus velas

Esta costumbre se ha extendido por muchas parroquias y puede aplicarse también a las casas. Cada domingo se enciende una vela más hasta la Navidad. La familia, al imitar este gesto visto en la parroquia, toma conciencia de ser "iglesia doméstica".



7. Si tienes niños, léeles textos navideños

Incluso libros de dibujos para niños pequeños, de o tres años, les van a servir mucho, porque luego llegará la Navidad, reconocerán los personajes y las escenas. En los libros ven la historia que se cuenta también en el belén.

8. Sé generoso y apoya obras que trabajan por el Reino y la justicia

Los Reyes Magos viajaban con sus regalos, y también nosotros debemos poder presentar a Jesús nuestras ofrendas de caridad, ayudando a Cáritas, a los misioneros, ayudando a los que anuncian la buena nueva...

9. Puedes confesarte

Mucha gente intenta confesarse en Adviento para llegar "limpio" a la Navidad. El Adviento consiste en prepararse, y sin duda es la mejor preparación posible hacer examen de conciencia y pasar por el confesionario.

10. Recuerda las 3 venidas del Señor Jesús

San Bernardo de Claraval solía predicar sobre las tres venidas de Jesús:

- Jesús vino como Niño en Belén
- Jesús viene a nuestras vidas hoy
- Jesús vendrá con gloria en el Día Final

En Adviento, preparamos las tres venidas y reflexionamos sobre las tres.

Al final, todo esto ayuda a ponernos en una actitud de humildad y gratitud ante el Señor, invitar al Espíritu Santo en nuestras vidas y prepararnos para responderle. Ven, Señor Jesús.