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jueves, 14 de abril de 2022

Jueves Santo - Misa de la Cena del Señor

El Lavatorio - Tintoretto (1548 - 1549)
Museo Nacional El Prado
 



Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:
«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. 
Decid a toda la asamblea de los hijos de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino más próximo a su casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo.
Será un animal sin defecto, macho, de un año; lo escogeréis entre los corderos o los cabritos.
Lo guardaréis hasta el día catorce del mes y toda la asamblea de los hijos de Israel lo matará al atardecer”. 
Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo comáis. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, y comeréis panes sin fermentar y hierbas amargas. 
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el Paso del Señor. 
Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo, el Señor. 
La sangre será vuestra señal en las casas donde habitáis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora, cuando yo hiera a la tierra de Egipto. 
Este será un día memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta en honor del Señor. De generación en generación, como ley perpetua lo festejaréis».



Salmo 115

R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando el nombre del Señor.

R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.

R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando el nombre del Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.

R/. El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo



Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:
Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo:
«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
«Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.





Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.

Llegó a Simón Pedro, y este le dice:
«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?».
Jesús le replicó:
«Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde».
Pedro le dice:
«No me lavarás los pies jamás».
Jesús le contestó:
«Si no te lavo, no tienes parte conmigo».
Simón Pedro le dice:
«Señor, no solo los pies, sino también las manos y la cabeza».
Jesús le dice:
«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos».
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo:
«No todos estáis limpios».
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».




Comentario

El Evangelio de la liturgia de hoy omite por completo la institución de la Eucaristía y pone el gesto del lavatorio de los pies. El autor de este texto nos quiere hacer ver que la pasión de Jesús no es otra cosa que un servicio de amor hasta el extremo: hasta el extremo de dar la vida por los demás.

El gesto de lavar los pies es desconcertante ya que pertenecía a los esclavos y, por ello, dentro del contexto en el que se encontraban Jesús y sus discípulos, se salía de toda lógica y sentido. Pero para nosotros es todo un gesto profético, que resume y anticipa todo lo que será la pasión de Jesús, y por esto es narrado de una forma solemne. Y es que en el lavatorio de los pies hay mucho más que un simple ejemplo de humildad. Estamos ante algo mucho más profundo porque, contemplar a todo un Dios arrodillado lavando los pies, nos indica un cambio de valores como nunca más ha ocurrido en la historia. Y es que el servicio desde la humildad, puede alcanzar lo divino.

El servicio es darse, en mayor o menor grado, pero darse. Es reconocer que las cualidades y dones que poseemos no son de forma exclusiva para nosotros, sino que también, por qué no decirlo así, les “pertenecen” a los demás. Servir es entrar en comunión dos seres imperfectos que, al darse y aceptarse, se compenetran y se enriquecen. Porque todos sin excepción tenemos algo que dar, y todos sin excepción podemos recibir algo de los otros.

El servicio que nos muestra Jesús lavando los pies es saber ceder privilegios cuya finalidad sea el lucro y renunciar a vidas exquisitas. Pero también nos muestra el saber aceptar las responsabilidades, hablar más de deberes que de derechos, trabajar con honradez y aportar a los demás algo nuestro aunque ello conlleve renuncias. El lavatorio de los pies nos enseña a no ser ambiciosos ni interesados y a no danzar en torno a las idolatrías actuales. Si asumimos el servicio desde una actitud desinteresada y sin condiciones, y nos ponemos a lavar los pies, estaremos dando la mayor bofetada que se puede dar a tantos esclavos del poder y la ambición. No olvidemos que Jesús también se arrodilló ante Judas, para lavarle los pies.

Toda la liturgia de este día, es más, todo lo que significa este día, nos debería llevar a contemplar que si Dios no puso condiciones a la hora de ponerse de rodillas ante el ser humano para lavarle los pies… ¿las vamos a poner nosotros?

miércoles, 13 de abril de 2022

Miércoles Santo: 13-04-2022

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 45-57

En aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron:
«¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».
Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».
Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban:
«¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».
Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.



Comentario

Las autoridades religiosas judías de entonces empezaban a estar nerviosas. Convocaron el Sanedrín para ver qué decisiones tomar, porque lo de Jesús se les estaba escapando de las manos. Muchos judíos se iban detrás de él, mermando las filas del judaísmo. Además tenían miedo de que ante este panorama “vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación”. Ante esta situación “aquel día decidieron darle muerte”.

Es verdad que por esto Jesús “ya no andaba públicamente con los judíos”, pero se mantuvo en sus trece. Ninguna decisión humana, aunque fuese la del Sanedrín, le iba a impedir realizar su misión. La misión que el Padre le encomendó de proclamar el evangelio del amor, del amor a Dios Padre y del amor a los hermanos que son todos los hombres. De haberse callado y retirado hasta el final pacífico de sus días, no le habrían crucificado. Pero nos habríamos quedado sin su persona y sin su evangelio. Sabemos que las autoridades consiguieron su propósito crucificándole, pero nos consiguieron su deseo de darle muerte para siempre y que cayese en el olvido del pueblo, porque el Padre Dios le resucitó. Y su persona y su mensaje liberador sigue iluminado y salvando a sus seguidores de todos los tiempos.



martes, 12 de abril de 2022

Martes Santo: 12-04-2022

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 21-33. 36-38

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo:
«En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».
Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.

Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:
«Señor, ¿quién es?».
Le contestó Jesús:
«Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado».
Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto».
Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres.

Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús:
«Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
“Donde yo voy no podéis venir vosotros”».
Simón Pedro le dijo:
«Señor, ¿adónde vas?».
Jesús le respondió:
«Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
«Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».




Comentario

Sabemos que el relato de la Pasión según san Juan es el menos duro de los relatos evangélicos. Su evangelio comienza mostrándonos la divinidad de Jesús, ya en su prólogo: es el Verbo creador encarnado.

Y esa visión sigue presente a lo largo de su relato. Pero además es el evangelio en el que se manifiestan con más fuerza los sentimientos de Jesús. En especial los afectos de Jesús. Esos sentimientos están más flor de piel en el momento de la última cena con sus discípulos. Es momento de intimidad afectiva con ellos, es en ese momento cuando, “profundamente conmovido”, anuncia la traición de uno de los presentes. Algo incomprensible para sus discípulos. Solo la intervención de Satanás, que invade el interior de Judas, puede explicar la traición. Satanás como origen de todo mal. Sólo un agente externo puede explicar la decisión de Judas para el evangelista, entiende Juan. Pues bien, no es necesariamente así, existe en nosotros suficiente posibilidad de ser traidores; suficiente capacidad de mal en nuestro interior. Con ello hay que contar para conocernos y “cuidar de no caer”.

En contraste con Judas, Pedro proclama su fidelidad a Jesús: “daré mi vida por ti”. Pedro se siente fuerte. Nadie puede separarle del compromiso con Jesús. Es un error sentirse tan fuerte que sea imposible la negación de lo que hemos prometido, la infidelidad a quien se ha prometido afecto “eterno”. Induce a desprotegerse, a no actualizar día a día los compromisos, en concreto los afectivos. Para ser fuerte en la fidelidad es necesario asumir nuestra debilidad, nuestra capacidad de ser infiel.


lunes, 11 de abril de 2022

Lunes Santo: 11-04-2022

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.

María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.

Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.



Comentario

Las horas de Jesús están contadas. Las autoridades civiles, militares y, sobre todo, religiosas, han decidido que tiene que morir y solo falta encontrar una ocasión propicia para eliminarle. Han tenido oportunidades para detenerlo, pero siempre les ha frenado el miedo a la reacción de las gentes. Jesús tiene seguidores y simpatizantes que podrían aguar las fiestas del templo y eso sería un problema. Hay que proceder con nocturnidad y alevosía y buscan el momento propicio.

A esto se añade que Jesús ha resucitado a su amigo Lázaro y ver a este muerto caminando, hablando, comiendo, en definitiva: viviendo, es un fuerte golpe en su contra. Es, pues, necesario acabar también con él. Tal vez sea Lázaro ese mal colateral, necesario a los ojos de los estrategas, para lograr un golpe publicitario que ponga la situación a su favor.

En esta era cibernética esto sería fácil de solucionar con unas cuantas “fake news” bien dirigidas en las redes para inclinar la opinión pública a favor del enemigo y lograr que el pueblo, puede que debamos llamarlo “populacho”, a poco que lo animemos, grite “¡Crucifícalo, crucifícalo!, tal vez sin convicción, pero sí con un aparente entusiasmo capaz de convencer a un cobarde Pilatos, a quien la vida de un judío le trae sin cuidado, con tal de conservar la paz en su finca.

Y nos falta recordar a María que unge los pies del Maestro con un magnífico perfume, caro, intenso que Jesús interpreta como la unción que se aplica a su cadáver antes de depositarle en el sepulcro. María se ha anticipado a los hechos que se van a producir en breve. Pero, siempre surge un pero…, algunos de los presentes, Judas entre ellos, critican la acción y se escudan en una aparente caridad que no tienen, posiblemente, ninguna intención de ejecutar.

domingo, 10 de abril de 2022

Domingo de Ramos en la Pasion del Señor

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías 50, 4-7


El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás.
Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.
El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado.



Salmo 21

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre si tanto lo quiere».

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme.

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
«Los que teméis al Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel».

R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?




Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 6-11


Cristo, Jesús, siendo de condición divina,
no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;
al contrario, se despojó de sí mismo
tomando la condición de esclavo,
hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia,
se humilló a sí mismo,
hecho obediente hasta la muerte,
y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo
y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;
de modo que al nombre de Jesús
toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:
Jesucristo es Señor,
para gloria de Dios Padre.





Pasión de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 22, 14 – 23, 56

Cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él y les dijo: 

+ «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios». 

C. Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo: 

+ «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios». 

C. Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio diciendo: 

+ «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». 

C. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo: 

+ «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros». 

+ «Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!». 

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso.

C. Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor. Pero él les dijo: 

+ «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer como el menor, y el que gobierna, como el que sirve. 

Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. 

Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

+ «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos».
 
C. Él le dijo: 

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte». 

C. Pero él le dijo: 

+ «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado conocerme».

C. Y les dijo: 

+ «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?». 

C. Dijeron: 

S. «Nada». 

C. Jesús añadió: 

+ «Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que no tenga espada, que venda su manto y compre una. Porque os digo que es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que se refiere a mí toca a su fin». 

C. Ellos dijeron: 

S. «Señor, aquí hay dos espadas». 

C. Él les dijo: 

+ «Basta».

C. Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo: 

+ «Orad, para no caer en tentación».
 
C. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo:

+ «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya».
 
C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la tristeza, y les dijo: 

+ «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. 

Jesús le dijo: 
+ «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».
 
C. Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron: 

+ «Señor, ¿herimos con la espada?». 

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino diciendo: 

+ «Dejadlo, basta». 

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él: 

+ «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido? Estando a diario en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de las tinieblas».

C. Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos. 

Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo: 

S. «También este estaba con él». 

C. Pero él lo negó diciendo: 

S. «No lo conozco, mujer». 

C. Poco después, lo vio otro y le dijo: 

S. «Tú también eres uno de ellos». 

C. Pero Pedro replicó: 

S. «Hombre, no lo soy». 

C. Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo: 

S. «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo». 

C. Pedro dijo: 

S. «Hombre, no sé de qué me hablas». 

C. Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces». Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

C. Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole golpes. 

Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo:
 
S. «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?». 

C. E, insultándolo, proferían contra él otras muchas cosas.

C. Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín, y le dijeron: 

S. «Si tú eres el Mesías, dínoslo». 

C. Él les dijo: 

+ «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder. Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».
 
C. Dijeron todos: 

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?». 

C. Él les dijo: 

+ «Vosotros lo decís, yo lo soy». 

C. Ellos dijeron: 

S. «Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca». 

C. Y levantándose toda la asamblea, lo llevaron a presencia de Pilato.

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo: 

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey». 

C. Pilato le preguntó: 

S. «Eres tú el rey de los judíos?». 

C. Él le responde: 

+ «Tú lo dices». 

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente: 

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre». 

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo: 

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta llegar aquí». 

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo remitió.

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada. 

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. 

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les dijo: 

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». 

C. Ellos vociferaron en masa: 

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás». 

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. 
Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando: 

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!». 

C. Por tercera vez les dijo: 

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré». 

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo su griterío. 
Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su voluntad.

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. 
Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban lamentos por él. 
Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: 

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con el leño verde, ¿qué harán con el seco?». 

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 

Jesús decía: 

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». 

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo: 

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». 

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo: 

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». 

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: 

S. «No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». 

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía: 

S. «Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo». 

C. Y decía: 

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». 

C. Jesús le dijo: 

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo: 

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». 

C. Y, dicho esto, expiró.

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo: 

S. «Realmente, este hombre era justo». 

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho. 
Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a distancia, viendo todo esto.

C. Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y justo (este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el reino de Dios. Este acudió a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía.

Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de acuerdo con el precepto.



Comentario

El evangelio del Domingo de Ramos siempre es el relato de la Pasión de Jesús de uno de los tres evangelios sinópticos. El Viernes Santo siempre se lee de nuevo el relato de la Pasión pero la versión de Juan. Este año se nos propone la versión de Lucas de los días finales de Jesús.

Lucas nos has presentado durante su evangelio a Jesús sembrando el bien como forma de acabar contra el mal en la vida. Sin embargo, el mal siempre tiene una última carta guardada: la muerte. La muerte es un enemigo constante del ser humano porque quiere imponernos su ideología y su miedo: ¡vive y disfruta sin mirar a tu lado! ¡a vivir que son dos días, aunque haya que pisar a otros! ¡no plantes el bien, no vivas tu bondad… al final todo se acaba conmigo, la muerte! ¡al final, yo acabo con todo con las relaciones, con las personas! ¡Morirás y nadie se acordará de ti!

El relato de la Pasión nos narra como Jesús afronta la batalla decisiva contra el mal y su brazo intimidante que es la muerte. Jesús lo dice lacónicamente con palabras saturadas de divinidad: "nadie me quita la vida, sino que yo la entrego porque quiero".

Sí, Jesús se lo dice al mal y a su muerte arrasadora. Se lo dice a descaro: ¡yo entrego mi vida; tú no me la quitas! Estas palabras son el resumen de todo el relato de la Pasión en el cual se va desvelando el misterio de la muerte en cada una de las escenas. El relato de la pasión es un paulatino desprendimiento de Jesús. Cada escena del relato de la Pasión es un despojamiento que hace Jesús de algo voluntariamente; se despoja de defenderse, de la palabra, de las vestiduras, de protegerse de los latigazos, de no sufrir…. De todo se desprende, de todo se despoja, de todo se desnuda porque Él quiere. Y finalmente, se desprende de la Vida. En ese momento, el miedo que infunde la muerte llega a fin, ha cumplido su tarea…. La muerte finalmente también pudo con Jesús…

No olvidemos participar de la misa el sábado por la noche en la  vigilia pascual... no todo está perdido… allí encontraremos una nueva Luz. La luz de la Vida. Allí encontrarás el poder de Dios sobre la muerte. Allí sentiremos que Dios es nuestro valedor delante de la muerte. O como le dijo Pablo a los cristianos de Roma: Si Dios está con nosotros, ¿quién puede estar contra nosotros? 

sábado, 3 de abril de 2021

Sábado en la noche - Vigilia Pascual en la Noche Santa



"Según una antiquísima tradición, esta es noche de vigilia en honor del Señor (Ex 12,42). Los fieles, tal como lo recomienda el evangelio (Lc 12,35-36), deben parecerse a los criados, que con las lámparas encendidas en las manos, esperan el retorno de su señor, para que cuando llegue los encuentre en vela y los invite a sentarse a su mesa" (Misal, pág. 275).

Esta Noche Pascual tiene, como toda celebración litúrgica, dos partes centrales:

- La Palabra: Solo que esta vez las lecturas son más numerosas (nueve, en vez de las dos o tres habituales).

- El Sacramento: Esta noche, después del camino cuaresmal y del catecumenado, se celebran, antes de la Eucaristía, los sacramentos de la iniciación cristiana: el Bautismo y la Confirmación.

Así, los dos momentos centrales adquieren un relieve especial: se proclama en la Palabra la salvación que Dios ofrece a la humanidad, culminando con el anuncio de la resurrección del Señor.

Y luego se celebra sacramentalmente esa misma salvación, con los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. A todo ello también se le antepone un rito de entrada muy especial: se añade un rito lucernario que juega con el símbolo de la luz en medio de la noche, y el Pregón Pascual, lírico y solemne.


La Pascua del Señor, nuestra Pascua

Todos estos elementos especiales de la Vigilia quieren resaltar el contenido fundamental de la Noche: la Pascua del Señor, su Paso de la Muerte a la Vida.

La oración al comienzo de las lecturas del Nuevo Testamento, invoca a Dios, que "ilumina esta noche santa con la gloria de la resurrección del Señor". En esta noche, con más razón que en ningún otro momento, la Iglesia alaba a Dios porque "Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado" (Prefacio I de Pascua).

Pero la Pascua de Cristo es también nuestra Pascua: "en la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección resucitamos todos"(Prefacio II de Pascua).

La comunidad cristiana se siente integrada, "contemporánea del Paso de Cristo a través de la muerte a la vida". Ella misma renace y se goza en "la nueva vida que nace de estos sacramentos pascuales" (oración sobre las ofrendas de la Vigilia): por el Bautismo se sumerge con Cristo en su Pascua, por la Confnmación recibe también ella el Espíritu de la vida, y en la Eucaristía participa del Cuerpo y la Sangre de Cristo, como memorial de su muerte y resurrección.

Los textos, oraciones, cantos: todo apunta a esta gozosa experiencia de la Iglesia unida a su Señor, centrada en los sacramentos pascuales. Esta es la mejor clave para la espiritualidad cristiana, que debe centrarse, más que en la contemplación de los dolores de Jesús (la espiritualidad del Viernes Santo es la más fácil de asimilar), en la comunión con el Resucitado de entre los muertos. Cristo, resucitando, ha vencido a la muerte.

Este es en verdad "el día que hizo el Señor". El fundamento de nuestra fe. La experiencia decisiva que la Iglesia, como Esposa unida al Esposo, recuerda y vive cada año, renovando su comunión con El, en la Palabra y en los Sacramentos de esta Noche.


Luz de Cristo

El fuego nuevo es asperjado en silencio, después, se toma parte del carbón bendecido y colocado en el incensario, se pone incienso y se inciensa el fuego tres veces. Mediante este rito sencillo reconoce la Iglesia la dignidad de la creación que el Señor rescata.

Pero la cera, a su vez, resulta ahora una criatura renovada. Se devolverá al cirio el sagrado papel de significar ante los ojos del mundo la gloria de Cristo resucitado. Por eso se graba en primer lugar la cruz en el cirio. La cruz de Cristo devuelve a cada cosa su sentido. Por ello el Canon Romano dice: "Por él (Cristo) sigues creando todos los bienes, los santificas, los llenas de vida, los bendices y los repartes entre nosotros".


Al grabar en la cruz las letras griegas Alfa y Omega y las cifras del año en curso, el celebrante dice: "Cristo ayer y hoy, Principio y Fin, Alfa y Omega. Suyo es el tiempo. Y la eternidad. A él la gloria y el poder. Por los siglos de los siglos. Amén".

Así expresa con gestos y palabras toda la doctrina del imperio de Cristo sobre el cosmos, expuesta en San Pablo. Nada escapa de la redención del Señor, y todo, hombres, cosas y tiempo están bajo su potestad.

Se lo adorna con granos de incienso, según una tradición muy antigua, que han pasado a significar simbólicamente las cinco llagas de Cristo: "Por tus llagas santas y gloriosas nos proteja y nos guarde Jesucristo nuestro Señor".

Termina el celebrante encendiendo el fuego nuevo, diciendo: "La Luz de Cristo, que resucita glorioso, disipe las tinieblas del corazón y del espíritu".

Tras el cirio encendido que representa a Cristo, columna de fuego y de luz que nos guía a través de las tinieblas y nos indica el camino a la tierra prometida, avanza el cortejo de los ministros. Se escucha cantar tres veces:"Luz de Cristo" mientras se encienden en el cirio recién bendecido todas las velas de la comunidad cristiana.

Hay que vivir estas cosas con alma de niño, sencilla pero vibrante, para estar en condiciones de entrar en la mentalidad de la Iglesia en este momento de júbilo. El mundo conoce demasiado bien las tinieblas que envuelven a su tierra en infortunio y congoja. Pero en esa hora, puede decirse que su desdicha ha atraído la misericordia y que el Señor quiere invadirlo todo con oleadas de su luz.

Los profetas habían prometido ya la luz: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande", escribe Isaías (Is 9, I; 42,7; 49,9). Pero la luz que amanecerá sobre la nueva Jerusalén (Is 60,1ss.) será el mismo Dios vivo, que iluminará a los suyos (Is 60, 19) y su Siervo será la luz de las naciones (Is 42,6; 49,6).

El catecúmeno que participa en esta celebración de la luz sabe por experiencia propia que desde su nacimiento pertenece a las tinieblas; pero sabe también que Dios "lo llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa" (1 Pe 2,9). Dentro de unos momentos, en la pila bautismal,"Cristo será su luz" (Ef 5, 14). Se va a convertir de tiniebla que es en "luz en el Señor" (Ef 5,8).

Pregón pascual o "exultet"

Este himno de alabanza, en primer lugar, anuncia a todos la alegría de la Pascua, alegría del cielo, de la tierra, de la Iglesia, de la asamblea de los cristianos. Esta alegría procede de la victoria de Cristo sobre las tinieblas.

Luego, entona la gran Acción de Gracias. Su tema es la historia de la salvación resumida por el poema. Una tercera parte consiste en una oración por la paz, por la Iglesia en sus jefes y en sus fieles, por los que gobiernan los pueblos, para que todos lleguen a la patria del cielo.

La liturgia de la Palabra

Esta noche la comunidad cristiana se detiene más de lo ordinario en la proclamación de la Palabra. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento hablan de Cristo e iluminan la Historia de la Salvación y el sentido de los sacramentos pascuales. Hay un diálogo entre Dios que habla a su Pueblo (las lecturas) y el Pueblo que responde (Salmos y oraciones).

Las lecturas de la Vigilia tienen una coherencia y un ritmo entre ellas. La mejor clave es la que dio el mismo Cristo: "todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse, y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó (a los discípulos de Emaús) lo que se refería a él en toda la Escritura" (L,c 24,27).

Lecturas del Antiguo Testamento

Primera lectura: Gn 1,1-31 ó 2,1-2: Vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno. 

Segunda lectura: Gn 22,1-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe.

Tercera lectura: Ex 14-15,30 - Los israelitas cruzaron el mar Rojo.

Cuarta lectura: Is 54,5-14 - Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor.

Quinta lectura: Is 55, 1-11 - Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros una alianza perpetua. 

Sexta lectura: Bar 3,9-15.32-4,4 - Camina a la claridad del resplandor del Señor

Séptima lectura: Ez 36.16-28 - Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo. 

El Antiguo Testamento prepara la realidad del Nuevo Testamento: lo que se anunciaba y prometía, ahora se ha cumplido de verdad.

Es importante subrayar este paso al Nuevo Testamento: el Misal indica en este momento diversos signos, tales como el adorno del altar (luces, flores), el canto del Gloria y la aclamación del Aleluya antes del Evangelio. También se ilumina de manera más plena la iglesia ya que durante las lecturas del Antiguo Testamento estaba iluminada más discretamente.

Sobre todo es el Evangelio, tomado de uno de los tres sinópticos. según el Ciclo, el que hay que destacar: es el cumplimiento de todas las profecías y figuras, proclama la Resurrección del Señor.


Lecturas del Nuevo Testamento

Primera lectura: Rom 6,3-11 - Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más.

Evangelio 

CICLO A: Mt 28.1-10 - Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea.

CICLO B: Mc 16, 1-8 - Jesús Nazareno, el crucificado, ha resucitado.

CICLO C: Lc 24.1-12 - Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo.


La Liturgia bautismal

La noche de Pascua es el momento en el que tiene más sentido celebrar los sacramentos de la iniciación cristiana. Después de un camino catecumenal (personal, si se trata de adultos y de la familia, para los niños, y siempre en lo que cabe, de la comunidad cristiana entera), el signo del agua -la inmersión, el baño- quiere ser la expresión sacramental de cómo una persona se incorpora a Cristo en su paso de la muerte a la vida.

Como dice el Misal, si se trata de adultos, esta noche tiene pleno sentido que además del Bautismo se celebre la Confirmación. para quedar ya integrados plenamente a la comunidad eucarística. El sacerdote que preside tiene esta noche la facultad de conferir también la Confirmación, para hacer visible la unidad de los sacramentos de iniciación.

La celebración consta de los siguientes elementos:

- la letanía de los santos (si hay bautismo), según lo sugerido por el Misal;

- la bendición del agua, más que bendecir el agua se trata de bendecir a Dios por todo lo que en la Historia de la Salvación ha hecho por medio del agua (desde la creación y el paso del Mar Rojo hasta el bautismo de Jesús en el Jordán), pidiéndole que hoy también a través del signo del agua actúe el Espíritu de vida sobre los bautizados;

- El Bautismo y la Confirmación según sus propios rituales;

- La renovación de las promesas bautismales, si no se ha celebrado el Bautismo, (ya lo habrán realizado entonces, junto con los padrinos y/o bautizandos). Se trata de que todos participen conscientemente tanto en la renuncia como en la profesión de fe;

- El signo de aspersión, con un canto bautismal, como un recuerdo plástico del propio Bautismo. Este signo se puede repetir todos los domingos de la Cincuentena Pascual, al comienzo de la Eucaristía;

- La Oración universal o de los fieles, que es el ejercicio, por parte de la comunidad, de su sacerdocio bautismal intercediendo ante Dios por toda la Hurnanidad.

La Eucaristía

La celebración eucarística es la culminación de la Noche Pascual. Es la Eucaristía central de todo el año, más importante que la de Navidad o la del Jueves Santo. Cristo, el Señor Resucitado, nos hace participar de su Cuerpo y de su Sangre, como memorial de su Pascua.
Es el punto culminante de la celebración.


Misas durante el día

En el transcurso de la Noche Santa participamos en el misterio pascual por medio de la celebración de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. En la segunda misa de Pascua, damos gracias por la vida nueva, cuya fuente nos ha sido abierta por la Resurrección de Cristo.

Hoy es la fiesta de las fiestas y el día de Cristo el Señor por excelencia. Hoy, Jesús vencedor de la muerte y del pecado, se manifestó a los suyos; hoy se dio a conocer a sus dos discípulos en el camino de Emaús por medio de la fracción del pan: hoy confirió el Espíritu Santo a sus Apóstoles para la remisión de los pecados y los envió al mundo para ser sus testigos. Como consecuencia de todo esto, cantamos: "Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo". (Salmo 117).

Misa del día

Primera lectura: Hech 10,34a.37-43 - Nosotros hemos comido y bebido con Él después de su resurrección.
Segunda Lectura: Col 3, 1-4 - Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo.
Evangelio: Jn 20 1-9 - Él tenía que resucitar de entre los muertos.

Misa vespertina

Esta comida con el Resucitado de los discípulos de Emaús en la tarde de Pascua debía iluminar en los siglos venideros, la celebración de la Eucaristía; es la irradiación de su alegría y la invitación a revivir la Pascua en cada Misa.
Evangelio: Lc 24, 13-35 - Lo reconocieron al partir el pan.

Sábado Santo de la Sepultura del Señor

La lamentación - Anton Van Dyck (1618-1620)
Museo Nacional El Prado (No expuesto)



Aclaraciones sobre el Sábado Santo

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos, y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Misa, quedando desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la Resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, con cuya exuberancia iniciarán los cincuenta días pascuales.


En este día no se puede distribuir la sagrada comunión, a no ser en caso de viático.

Según una antigua tradición, la Iglesia ayuna «porque el Esposo le ha sido arrebatado». Se recomienda que se observe también  este ayuno durante el Sábado Santo, a fin de que la Iglesia pueda llegar con espíritu ligero y abierto a la alegría del domingo de Resurrección.

Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.


 


PARA LA MEDITACIÓN


El descenso del Señor al abismo 

Oficio de Lectura, de una homilía antigua
sobre el grande y santo Sábado

¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey duerme. La tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo.

Va a buscar a nuestro primer padre como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte. Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y a Eva.

El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: «Mi Señor esté con todos.» Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: «Y con tu espíritu.» Y, tomándolo por la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz.»

Yo soy tu Dios, que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: “Salid”, y a los que se encuentran en las tinieblas: "iluminaos”, y a los que duermen: “Levantaos.”

A ti te mando: Despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.

Por ti, yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti, yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti, yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al abismo; por ti, me he hecho hombre, semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos;por ti, que fuiste expulsado del huerto, he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado.

Contempla los salivazos de mi cara, que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas, que he soportado para reformar, de acuerdo con mi imagen, tu imagen deformada; contempla los azotes en mis espaldas, que he aceptado para aliviarte el peso de los pecados, que habían sido cargados sobre tu espalda; contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero, pues los he aceptado por ti, que maliciosamente extendiste una mano al árbol prohibido.

Dormí en la cruz, y la lanza atravesó mi costado, por ti, que en el paraíso dormiste, y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te saca del sueño del abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.

Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo, que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilara; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.

El trono de los querubines está a punto, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos; se han embellecido los eternos tabernáculos y moradas, han sido abiertos los tesoros de todos los bienes, y el reino de los cielos está preparado desde toda la eternidad.