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domingo, 19 de febrero de 2023

Domingo VII del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro del Levítico 19, 1-2. 17-18


El Señor habló así a Moisés:
«Di a la comunidad de los hijos de Israel:
“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano, pero reprenderás a tu prójimo, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”».




Salmo 102

R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por los que lo temen.

R/. El Señor es compasivo y misericordioso




Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 3, 16-23

Hermanos:
¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?

Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él; porque el templo de Dios es santo: y ese templo sois vosotros.

Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio.

Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia». Y también:
«El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos».
Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios.



Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 38-48

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Pero yo os digo: no hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también el manto; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.
Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo”.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.

Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».



Comentario

El Evangelio de este domingo, pertenece al discurso de Jesús al comienzo de su ministerio público en Galilea. Jesús quiere enseñar a sus discípulos como deben comportarse con los demás, comenzando por las Bienaventuranzas. Les plantea una nueva justicia, que supera a la antigua, para vivir radicalmente en el amor de Dios.

Frente a la ley del Talión en la que permite la venganza ante un agravio, Jesús les pide no responder de la misma manera. Al contrario la propuesta va a ser la de amar a los enemigos. Esta nueva forma de enseñar, deja a sus discípulos desconcertados, pues lo más lógico es vengarse de quien ultraja. Y no solo a ellos, también este programa de vida, sigue cuestionando nuestro modo de ser cristiano.

Ante las diversas formas de mal que hay en el mundo, la alternativa que nos enseña Jesús, es amarnos, sacar lo mejor de nosotros mismos. El ejemplo es el amor de Dios que se nos da, y que se pone de manifiesto con la encarnación de Jesús, como hijo de Dios.

Por ello no nos podemos conformar con el mal que hacen unos cuantos, quejándonos que el mundo anda fatal. Debemos ofrecer una alternativa que emana del Evangelio de Jesús, y es hacer de nuestra vida una entrega hacia el bien.

Si ante cualquier situación de maldad que contemplamos cada día, respondemos del mismo modo, no tendremos ningún mérito. Más bien estamos haciendo lo mismo, y por tanto reproducimos el mal una y otra vez, como pescadilla que se muerde la cola.

Presentar la otra mejilla es responder al mal con el bien, y así podremos romper cadenas de violencia, injusticias, enfrenta-mientos, etc, que sacan lo peor del ser humano. Buscar lo bueno es una nueva forma de ser persona que nos ofrece Dios, afrontando el mal con las armas del amor, de la verdad, del diálogo y del encuentro.

El amor a los enemigos es la centralidad del mensaje de Cristo, para vivirlo con radicalidad e integridad, sin estrategias de poder económico, político o mediático. Es un don de Dios, que lo experimentamos con su bondad, y su misericordia. Es un proceso que debemos recorrerlo con normalidad, sin hacer gala de ello, y sin grandes ruidos o estridencias. Hacerlo vida de cada día, con pequeñas cosas y detalles, que en definitiva es lo que va constituyendo nuestro itinerario de fe.

domingo, 12 de febrero de 2023

Domingo VI del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico 15, 15-20

Si quieres, guardarás los mandamientos y permanece-rás fiel a su voluntad. Él te ha puesto delante fuego y agua, extiende tu mano a lo que quieras.

Ante los hombres está la vida y la muerte, y a cada uno se le dará lo que prefiera.

Porque grande es la sabiduría del Señor, fuerte es su poder y lo ve todo.

Sus ojos miran a los que le temen, y conoce todas las obras del hombre.

A nadie obligó a ser impío, y a nadie dio permiso para pecar.




Salmo 118

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Dichoso el que, con vida intachable,
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que, guardando sus preceptos,
lo busca de todo corazón.

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Tú promulgas tus mandatos
para que se observen exactamente.
Ojalá esté firme mi camino,
para cumplir tus decretos.

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Haz bien a tu siervo:
viviré y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos,
y contemplaré las maravillas de tu ley.

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor

Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos,
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu ley
y a guardarla de todo corazón.

R/. Dichoso el que camina en la ley del Señor




Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 6-10

Hermanos:
Hablamos de sabiduría entre los perfectos; pero una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, condenados a perecer, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino que, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman».

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; pues el Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.





Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. 
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley. 
El que se salte uno sólo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos. 
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. 
Porque os digo que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 
Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. 
Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil”, tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehenna” del fuego. 
Por tanto, si cuando vas a presentar tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Con el que te pone pleito, procura arreglarte enseguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. En verdad te digo que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo. Habéis oído que se dijo:
“No cometerás adulterio”.
Pero yo os digo: todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio con ella en su corazón. 
Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en la “gehenna”. 
Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero a la “gehenna”. 
Se dijo: “El que se repudie a su mujer, que le dé acta de repudio.” Pero yo os digo que si uno repudia a su mujer -no hablo de unión ilegítima- la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. 
También habéis oído que se dijo a los antiguos:
“No jurarás en falso” y “Cumplirás tus juramentos al Señor”.
Pero yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo cabello. Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno».




Comentario

El pueblo judío había aceptado la ley de Moisés, con los mandamientos como norma suprema, pero parecería, que Jesús, que sienta cátedra de sabiduría desde los montes y las praderas, desde el templo y desde la barca, y hostigando por igual a los escribas, fariseos y demás letrados, tiene otras miras distintas buscando la voluntad del Padre.

No aceptaba ciertas prácticas religiosas que se quedaban en el cumplimiento, al pie de la letra, de la ley, de tal manera que podría pensarse que tenía una actitud crítica ante el Antiguo Testamento. Pero hoy, una vez más, Jesús se lo deja claro: “No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud…”

Ahí tenemos la clave que Jesús quiere manifestar a todos los que le escuchan, empezando por sus discípulos… La plenitud de la ley está en el amor… a Dios que es nuestro Padre y al hermano que son todos…

Hoy el evangelio nos propone varios ejemplos: la ley no solo prohíbe matar al hermano, sino que se debe evitar todo gesto, acto interior y conducta que indique animosidad contra el prójimo, cualquier forma de animosidad…

El precepto de adulterar, y no solo por la acción externa sino por las actitudes, deseos y acciones personales dentro de las relaciones del matrimonio… de tal manera que quiere restituir al matrimonio, con su nueva ley de la gracia, al estado de la indisolubilidad…

Y, por eso, va añadiendo una sentencia que nos manifiesta esa plenitud que pide Jesús: “pero yo os digo…” Y ahí es donde nos deja la referencia que cada uno debemos vivir como seguidores que quieren ser fieles discípulos en su camino.

Quiere que seamos sinceros y veraces con nuestros semejantes y que no invoquemos innecesariamente el nombre de Dios para justificar nuestras posturas y acciones… de tal manera que si actuásemos siempre con sinceridad bastaría nuestra palabra para tener siempre crédito.

La clave de este evangelio es la referencia a la reconciliación con el hermano. Es Jesús quien nos lo recuerda: “Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja la ofrenda y vete primero a reconciliarte con tu hermano”.

A Dios no le agradan ni oraciones ni sacrificios de quienes no se perdonan de corazón o tienen algo contra el hermano. Quien no perdona de corazón al hermano, tampoco puede esperar ser perdonado por Dios.

El Evangelio de hoy “no es práctico”, como lo sería un código de obligaciones y prohibiciones que nos dispensase de vivir y de pensar. Pero es vital: el don de Dios pide una respuesta tan total como la generosidad de donde ha brotado, de Jesús: “pero yo os digo…”

Sólo después de repensar todo lo que nos dice el evangelio de hoy, hay dos cosas que nos extrañan igualmente en Jesús: lo infinito de su exigencia y lo infinito de su indulgencia. Él no desespera de nadie, pero tampoco le da a nadie la ocasión de enorgullecerse. No se extraña de las faltas ni de las debilidades, pero aguarda siempre un arrepentimiento y un amor que sean a la medida de la prodigalidad divina.

La Palabra de Dios es exigente para todos los que queremos seguirle, y así, el amor a Dios no es sincero si no nos lleva a amar a nuestro prójimo. Por ello hoy esa Palabra nos invita a vivir la actitud humilde de quien está dispuesto a hacer de su vida un camino sencillo de fidelidad al amor de Cristo y a los hermanos, expresado en una obediencia por amor a la Ley de Dios.

domingo, 5 de febrero de 2023

Domingo V del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías 58, 7-10


Esto dice el Señor:
«Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo,
cubre a quien ves desnudo
y no te desentiendas de los tuyos.
Entonces surgirá tu luz como la aurora,
enseguida se curarán tus heridas,
ante ti marchará la justicia,
detrás de ti la gloria del Señor.
Entonces clamarás al Señor y te responderá;
pedirás ayuda y te dirá: “Aquí estoy”.
Cuando alejes de ti la opresión,
el dedo acusador y la calumnia,
cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida,
brillará tu luz en las tinieblas,
tu oscuridad como el mediodía».





Salmo 111

R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.

R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

Porque jamás vacilará.
El recuerdo del justo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.

R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz

Su corazón está seguro, sin temor.
Reparte limosna a los pobres;
su caridad dura por siempre
y alzará la frente con dignidad.

R/. El justo brilla en las tinieblas como una luz




Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-5

Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y este crucificado.

También yo me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.





Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? 
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. 
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. 
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. 
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».





Comentario

El contexto de difamación y persecución que afectaba a los discípulos, era el clima adverso que respiraba el Apóstol por parte de aquellos bautizados que no comprendían el mensaje de la cruz y de todos aquellos que se oponían a su ministerio. Por eso mismo se presenta ante la comunidad “débil, tímido y tembloroso”, aunque lleno de la energía del Espíritu, llevando en sus carnes los signos de la cruz.

Es en su identificación personal con el Crucificado donde encuentra la fuente inagotable de luz y de sabiduría que caracteriza su anuncio del evangelio. A los pretenciosos títulos y honores a que aspiraban algunos de la comunidad, contagiados por el ambiente que se respiraba en Corinto, Pablo contrapone el sorprendente mensaje de la cruz de Cristo como único faro iluminador del horizonte cristiano. No son el mensajero ni sus elocuentes y persuasivos recursos los que cuentan a la hora de fundamentar la fe cristiana sino su sólido anclaje en el Dios manifestado en la debilidad humana.

Pensándolo un poco, tampoco es otra la razón última que subyace y sustenta la enigmática y permanente paradoja del Sermón del Monte, precedido por las bienaventuranzas. A cuantos se acogen a este programa evangélico, se les podría aplicar las palabras del Apóstol a la comunidad de Filipos: “brilláis como antorchas en medio del mundo, manteniendo en alto la palabra de vida”.

domingo, 29 de enero de 2023

Domingo IV del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura de la profecía de Sofonías 2, 3; 3, 12-13


Buscad al Señor los humildes de la tierra,
los que practican su derecho,
buscad la justicia, buscad la humildad,
quizá podáis resguardaros
el día de la ira del Señor.

Dejaré en ti un resto,
un pueblo humilde y pobre
que buscará refugio en el nombre del Señor.

El resto de Israel no hará más el mal,
no mentirá ni habrá engaño en su boca.
Pastarán y descansarán,
y no habrá quien los inquiete.



Salmo 145

R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.

R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos.

R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad.

R/. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.



Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 26-31


Fijaos en vuestra asamblea, hermanos: no hay en ella muchos sabios en lo humano, ni muchos poderosos, ni muchos aristócratas; sino que, lo necio del mundo lo ha escogido Dios para humillar a los sabios, y lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso.

Aún más, ha escogido la gente baja del mundo, lo despreciable, lo que no cuenta, para anular a lo que cuenta, de modo que nadie pueda gloriarse en presencia del Señor.

A él se debe que vosotros estéis en Cristo Jesús, el cual se ha hecho para nosotros sabiduría de parte de Dios, justicia, santificación y redención.

Y así —como está escrito—: «el que se gloríe, que se gloríe en el Señor».




Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 1-12a

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres en el espíritu,
porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los mansos,
porque ellos heredarán la tierra.
Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».





Comentario

¿De dónde sacan su fuerza, su compromiso y su convicción los cristianos? Tanto los cristianos de entonces, como los de ahora, sin duda, bebemos de diferentes fuentes, pero de un mismo manantial: del Espíritu de Cristo. Las palabras y gestos de Jesús son para los cristianos de todos los tiempos la hoja de ruta. Formando parte de este camino, Las Bienaventuranzas constituyen la Carta Magna para los seguidores de Jesús de todos los tiempos y que, además, han de saber interpretar y vivir en las muy diferentes culturas y situaciones donde los cristianos viven y expresan su fe.

Uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo, ya muerto hace tiempo, Nietzsche, decía que los cristianos son culpables y enemigos de la humanidad por haber hecho de los pobres, los cojos, los ciegos, los resignados, los sufridos, etc. el ideal del hombre bueno a quien Dios aprecia, es decir, por haber idealizado como modelos de imitación a los despreciados, a los deficientes, a los miserables, a los fracasados, a los resignados… porque ellos heredarán la gloria de Dios y vivirán en el cielo. Este filósofo reaccionó furiosamente contras las Bienaventuranzas.

En muchas partes del mundo, en apariencia por motivos distintos y diversos, los cristianos son martirizados, marginados y despreciados por otros grupos religiosos, por declarados ateos y por los que dicen llevar la bandera secularización declarándose indiferentes religiosos. Habría que viajar hasta los siglos tercero y cuarto para encontrar en la historia una persecución a los cristianos de forma parecida. Sin embargo, la fe cristiana está edificada sobre la firmeza y el convencimiento que Dios, el Dios de las promesas, el Dios de Jesús, ha compartido nuestra humanidad, se ha hecho uno de nosotros, y que además se ha puesto de parte de los pobres, marginados, los despreciados y humillados de este mundo, optando por ellos. Hace pocos días hemos celebrado la Navidad, el misterio radical de la Encarnación del Hijo de Dios, y de Dios mismo, Las Bienaventuranzas expresan la apuesta decidida de Dios por esta humanidad en busca de sentido y realización.

domingo, 22 de enero de 2023

Domingo III del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías 8, 23b-9, 3


En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.

El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande;
habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló.

Acreciste la alegría, aumentaste el gozo;
se gozan en tu presencia, como gozan al segar,
como se alegran al repartirse el botín.
Porque la vara del opresor, el yugo de su carga,
el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián.



Salmo 26

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

Una cosa pido al Señor,
eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.

R/. El Señor es mi luz y mi salvación

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

R/. El Señor es mi luz y mi salvación




Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 10-13. 17


Os ruego, hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que digáis todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros. Estad bien unidos con un mismo pensar y un mismo sentir.

Pues, hermanos, me he enterado por los de Cloe de que hay discordias entre vosotros. Y os digo esto porque cada cual anda diciendo: «Yo soy de Pablo, yo soy de Apolo, yo soy de Cefas, yo soy de Cristo».

¿Está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿Fuisteis bautizados en nombre de Pablo?

Pues no me envió Cristo a bautizar, sino a anunciar el Evangelio, y no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.





Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-23

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:

«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra
y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos,porque está cerca el reino de los cielos».
Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó.

Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.




Comentario

Enmarcada entre sus palabras y sus obras, al comienzo de su vida pública, Jesús hace también la llamada a sus primeros discípulos. Desde el mismo momento en que empieza a anunciar la buena noticia de Dios busca colaboradores: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron».

Seguir a Jesús no es copiar materialmente su vida. Significa salir del mundo que nos rodea para entrar en el espacio que rodea a Dios. Hacerlo requiere conversión. Desde nuestro bautismo entramos en ese espacio e iniciamos una conversión continua que nos acerque progresivamente a Él.

San Mateo ve en Pedro y Andrés, Santiago y Juan, la representación de los discípulos de todos los tiempos en su acercamiento a Dios. Su narración presenta rasgos y detalles altamente significativos: No son ellos los que se constituyen a sí mismos discípulos, sino Jesús quien les llama. No para asimilar una doctrina, ni siquiera para vivir un proyecto de vida, sino para solidarizarse con una persona (“seguidme”).

El atractivo de la llamada de Jesús es tan fuerte que les lleva a un profundo desprendimiento. Rompen lazos sociales, dejan su oficio y medios económicos (redes y barca), y familia (padre) para irse tras él.

El seguimiento es un camino. ‘Dejar’ y ‘seguir’ son verbos que indican un desplazamiento de nuestro centro vital. Seguir no es instalarse en un estado ni es simple imitación. Se trata de ir tras las huellas de Jesús y proseguir su causa.

El seguimiento no nos coloca en un espacio separado y sectario; el mundo es el lugar donde ser discípulos y testigos de la buena noticia.

La llamada puede surgir en cualquier lugar. Ningún escenario sagrado, simplemente el paisaje del lago y el fondo de las duras tareas cotidianas. Dios nos llama a seguirle en nuestro entorno ordinario, en el puesto de trabajo, en medio de las tareas diarias…

La fe cristiana no se limita a adhesión doctrinal, es también conducta y vida marcada por nuestra vinculación a Jesús. Cuidémonos mucho de la tentación de querer ser cristianos sin seguir a Jesús, reduciendo nuestra fe a unas verdades o a un culto.

En el Domingo de la Palabra de Dios y en el marco de la Semana de oración por la unidad de los cristianos, renovemos nuestra conversión, impliquémonos en la tarea de llevar la alegría y el consuelo del Evangelio a todos, trabajemos por la unidad de quienes creemos en Cristo y pongamos el Evangelio en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades.

domingo, 15 de enero de 2023

Domingo II del Tiempo Ordinario

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías 49, 3. 5-6


Me dijo el Señor:
«Tu eres mi siervo, Israel,
por medio de ti me glorificaré».
Y ahora dice el Señor,
el que me formó desde el vientre como siervo suyo,
para que le devolviese a Jacob,
para que le reuniera a Israel;
he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo
para restablecer las tribus de Jacob
y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance
hasta el confín de la tierra».




Salmo 39

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito.
Me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios.

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy».

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

«-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas».

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He proclamado tu justicia
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.



Segunda lectura
Comienzo de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 1, 1-3


Pablo, llamado a ser apóstol de Jesucristo por voluntad de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados por Jesucristo, llamados santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: a vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.




Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 29-34

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel».
Y Juan dio testimonio diciendo:
«He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
“Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”.
Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios».





Comentario

La figura de Jesús ha quedado impresa en múltiples imágenes y representaciones simbólicas de la tradición bíblica. Las que configuran el icono de Jesús que nos ha dejado el testimonio del Bautista (el Pre-existente, el Cordero de Dios, el portador del Espíritu) vienen a ser como esas pequeñas teselas de diversas formas y colores que componen cualquier mosaico: todas ellas importantes, pero ninguna exclusiva ni decisiva al margen de las demás. Los mortales, desde el diminuto y recortado marco de nuestra experiencia personal, apenas si logramos asomarnos al trascendente misterio del Dios hecho hombre. Hemos de contentarnos con pálidos reflejos, como los destellos de la estrella de Belén, si queremos orientarnos y movernos en medio de la oscuridad de la noche. 

De ahí que el evangelista San Juan pretenda introducirnos en el exigente dinamismo de una fe que afronte de cara la eterna, la radical pregunta de Jesús a sus discípulos: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Si olvidamos el penetrante icono teológico que nos ha regalado el testimonio del Bautista, malamente podremos comprender y seguir de cerca el calado del sentido religioso que entrañan los diferentes relatos evangélicos.

Y es que Jesús, en su cercanía, trasciende cuanto podamos pensar y decir de él. Por eso mismo se nos hace tan familiar la suplicante exhortación de Pablo: “que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que viváis arraigados y fundamentados en el amor. Así podréis comprender, junto con todos los creyentes, cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Cristo; un amor que supera todo conocimiento y que os llena de la plenitud misma de Dios”. Súplica que sintoniza con la dócil actitud reverencial bellamente expresada en el villancico navideño: venid fieles todos, postrémonos humildes, delante del Dios-hombre, venid y adoremos al Rey y Señor.



domingo, 8 de enero de 2023

Solemnidad del Bautismo del Señor

Primera lectura
Lectura del Profeta Isaías 42, 1-4. 6-7

Mirad a mi Siervo,
a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
«Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas».




Salmo 28

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

Hijos de Dios, aclamad al Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
postraos ante el Señor en el atrio sagrado.

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

La voz del Señor sobre las aguas,
el Señor sobre las aguas torrenciales.
La voz del Señor es potente,
la voz del Señor es magnífica.

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.

El Dios de la gloria ha tronado.
En su templo un grito unánime: «¡Gloria!»
El Señor se sienta sobre las aguas del diluvio,
el Señor se sienta como rey eterno.

R/. El Señor bendice a su pueblo con la paz.




Segunda lectura
Lectura de los Hechos de los Apóstoles 10, 34-38

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:
«Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace acepción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la Buena Nueva de la paz que traería Jesucristo, el Señor de todos. 
Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él».




Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17

En aquel tiempo, vino Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole:
«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?».
Jesús le contestó:
«Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia».
Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él.

Y vino una voz de los cielos que decía:
«Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».




Comentario

Descubrir el amor del Padre que nos ama en el Amor al Hijo. El nos ha elegido. El confía. Nos hace hijos en el Hijo, nos entrega y anticipa la resurrección. La gloria, la cristificación. Nos resitúa.

Para los que fuimos bautizados cuando recién nacidos según acostumbran las familias cristianas, tuvimos necesidad de redescubrir el valor del hecho salvador del bautismo.

Y aquellos que en edad adulta llegan a él, lo experimentan como un hecho liberador, tienen la fuerza del converso.

Han aceptado la fe que por el encuentro con el que es Hijo de Dios y Cordero sacrificial, les llevará a vivir con mayor perfección sus carismas en medio de la comunidad como testigos de Evangelio en los distintos ambientes.

En libertad acertaron a compartir en medio de la Iglesia ya bautizada el ser bautizados en las aguas puras, sanadoras y limpias que dejó Jesús en su bautismo en las alegres aguas del Jordán.

Se abre un camino de salvación para todos los que creen en el Hijo de Dios, Cordero que quita el pecado de todo el mundo y que consagra y vuelve a restaurar la verdadera imagen de Dios que es cada ser humano.

Quedamos consagrados y proclamados por el mismo Dios Padre como hijos en el Hijo. Quedando claro que “Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Por pura gracia.

domingo, 1 de enero de 2023

Santa María, Madre de Dios

Primera lectura
Lectura del libro de los Números 6, 22-27


El Señor habló a Moisés:
«Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
“El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti
y te conceda su favor.
El Señor te muestre tu rostro
y te conceda la paz”.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré».


Salmo 66

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga

Que Dios tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia
y gobiernas las naciones de la tierra.

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra.

R/. Que Dios tenga piedad y nos bendiga




Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 4, 4-7

Hermanos:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibiéramos la adopción filial.

Como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: «¡“Abba”, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios.





Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 16-21


En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo hacia Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño.

Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.

Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.



Comentario

El pasaje evangélico de esta solemnidad nos narra la visita y adoración de los pastores. Ellos fueron los primeros en recibir la gran noticia del nacimiento del Salvador, aunque en su tiempo en Palestina tenían fama de ser personas poco recomendables porque su oficio les impedía frecuentar las sinagogas y respetar el sábado.

A pesar del escenario de pobreza que rodea el nacimiento de Jesús, ellos supieron reconocer en el niño recién nacido al Salvador del mundo, y se fueron a sus casas y a sus tareas «dando gloria y alabanza a Dios por los que habían visto y oído». Nosotros estamos invitados a imitar esta misma actitud, así como la de María, que «conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón». La Navidad es también un tiempo de meditación. Es tan grande el misterio que celebramos, que nuestros pensamientos solo pueden intuir una mínima parte.

Para san Lucas el hecho de que Jesús fuera circuncidado es la expresión de su pertenencia al pueblo de Israel, y un signo del ambiente de piedad que envolvía su vida familiar. José y María quieren obedecer en todo la ley de Dios. El nombre, revelado por el ángel, significa: «Dios salva». Es el mismo nombre de Josué, pero que ha evolucionado. Este nombre expresa su misión y su destino. El Josué o Jesús del pasado había introducido al pueblo elegido en la tierra prometida. Este nuevo Josué es el que nos introduce en el reino de Dios, en el mundo de Dios, verdadera tierra prometida; es el que nos reconcilia con Dios y nos abre de par en par las puertas del paraíso con su muerte y resurrección.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Solemnidad de la Natividad del Señor

Primera lectura
Lectura del libro de Isaías 52, 7-10


¡Qué hermosos son sobre los montes
los pies del mensajero que proclama la paz,
que anuncia la buena noticia,
que pregona la justicia,
que dice a Sión: «¡Tu Dios reina!».
Escucha: tus vigías gritan, cantan a coro,
porque ven cara a cara al Señor,
que vuelve a Sión.
Romped a cantar a coro,
ruinas de Jerusalén,
porque el Señor ha consolado a su pueblo,
ha rescatado a Jerusalén.
Ha descubierto el Señor su santo brazo
a los ojos de todas las naciones,
y verán los confines de la tierra
la salvación de nuestro Dios.




Salmo 97


R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo.

R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia.
Se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Los confines de la tierra han contemplado
la salvación de nuestro Dios.
Aclama al Señor, tierra entera;
gritad, vitoread, tocad.

R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios

Tañed la cítara para el Señor,
suenen los instrumentos:
con clarines y al son de trompetas,
aclamad al Rey y Señor.

R/. Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios




Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos 1, 1-6


En muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a los padres por los profetas.

En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo, y por medio del cual ha realizado los siglos.

Él es reflejo de su gloria, impronta de su ser. Él sostiene el universo con su palabra poderosa. Y, habiendo realizado la purificación de los pecados, está sentado a la derecha de la Majestad en las alturas; tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado.

Pues, ¿a qué ángel dijo jamás: «Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy»; y en otro lugar: «Yo seré para él un padre, y el será para mi un hijo»?

Asimismo, cuando introduce en el mundo al primogénito, dice: «Adórenlo todos los ángeles de Dios».



Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 1-18

En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.

Él estaba en el principio junto a Dios.

Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.

En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.

No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.

En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.

Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.

Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.

Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni  de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.

Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:
«Este es de quien dije: el que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.

Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos ha llegado por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.





Comentario
La experiencia más bella que podemos tener es la de lo misterioso. Se trata de un sentimiento fundamental que es, como si dijéramos, la cuna del arte y de la ciencia verdadera. Quien no lo conoce ya no puede maravillarse ni admirarse de nada, ya está muerto, podríamos decir, y su ojo está debilitado (Albert Einstein).

La noche se cerraba entre el asombro y la expectación que nos regalaba el contemplar a un Dios que se acercaba con tal premura, sencillez y ternura al ser humano. Un Dios que buscaba encontrarse con el hombre de ayer y de hoy, simplemente en lo humano, en lo histórico, en lo cotidiano del vivir, para desde ahí, llevarnos a comprender más y mejor a Dios y a ser parte de Él con más conciencia de hijos.

El acontecimiento desborda la expectativa de quien ejercitaba la espera y la esperanza. Redención y salvación empiezan a trabar el buen fin del propósito de vida emanado por Dios desde la creación del mundo para cada hombre y para cada mujer. Contemplábamos un misterio. Contemplábamos la Vida haciéndose hermana nuestra en un recién nacido. La luz del nacimiento del Redentor iluminaba nuestros ojos y educaba nuestra mirada en ese ser capaces de acoger el misterio.

Hoy, en este día santo de Navidad, nos sorprende la liturgia de la Palabra con un texto, no muy del regusto humano, apegado a lo entrañable o a lo romántico de lo “esperable por Navidad”. Hoy la Palabra ya no busca endulzar unos oídos primerizos o que simplemente atiendan al primer rumor. En este día santo de Navidad, que la Iglesia prolongará durante toda una octava, porque el hecho es de tal envergadura que así lo requiere la fe y la razón humanas para asumirlo, se nos ofrece a la consideración el prólogo del cuarto evangelio. Compendio de toda la Buena Noticia, sumario de la voluntad de Dios, recapitulación de la inconsistencia humana que se debate, a lo largo de la historia, entre vivir, acoger y ser luz, o cerrar la puerta del corazón a la luz de la Vida.

La condición de filiación -pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre (Jn 1,12)- o dicho con palabras más coloquiales, la fuerza de la posibilidad de vivirse en la relación con Dios y en la existencia humana como hijos, supone un desafío al eterno anhelo de lo humano. Vivir como regalo, sabiéndose acompañado, custodiado… en relación condicionada por el amor incondicional, en fraternidad con los demás hombres y mujeres del mundo, que hoy y siempre, han acogido la luz.

Las palabras toman cuerpo. La Palabra se encarna. Ya no hay quimera, ilusión o fantasía. De Dios nunca podremos decir que su Palabra fuera campana hueca o címbalo que aturde. La Palabra-Promesa traspasa su misma definición y límite, se excede en el intento… Dios no se quiere lejos de aquello que ama. Dios se quiere en la historia. Dios se quiere encontrar y dejarse encontrar en sus propios hijos. Dios se hace historia entrelazando lo humano y lo divino en ese punto de sutura que es el Hijo del hombre, el Cristo, el Ungido de Dios.

Ha nacido y está en medio de nosotros. Es Dios -con todo su poder y majestad-, que se ha hecho Niño, para que, viéndole, nos elevemos a las cosas divinas. Por tanto, nos toca a nosotros, a cada uno aquí y ahora, creer en su amor. Ya que como dice san Agustín: ¿Por qué razón sobre toda razón, se encarnó el Verbo, sino para manifestarnos su amor?

En definitiva, Dios se ha encarnado, se ha hecho Niño para estar junto a nosotros. Y lo ha hecho por puro amor al ser humano; y porque el amor tiende siempre, de natural, a la unión con lo amado. Bien lo cantaba san Juan de la Cruz:

¿Adónde te escondiste, 
Amado, y me dejaste con gemido? 
Como el ciervo huiste, 
habiéndome herido; 
salí tras ti clamando, y eras ido.

Descubre tu presencia, 
y máteme tu vista y hermosura; 
mira que la dolencia 
de amor que no se cura 
sino con la presencia y la figura.

¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que la alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

De ahí que nuestro mejor tributo en este día de Navidad sea creer en su amor, tal y como en una de las cartas lo señalará el propio evangelista del cuarto evangelio: Hemos conocido y creído la caridad que Dios nos tiene (1Jn 4,16). Además, será esta fe, esta inclinación de nuestra mente, corazón y voluntad al amor de Dios, el principio de nuestra propia felicidad. Santa Teresita sonreía porque se llamaba del Niño Jesús. El rostro de la Virgen es el símbolo de la felicidad, porque ha mirado al Niño y ha visto en sus ojos todo el misterio del amor de Cristo. Contemplemos con María el misterio. Y si adoración es el postrer esfuerzo del alma que rebosa y ya no puede articular palabra, postrados ante Él, adorémosle en silencio, dejémonos mirar por el Amor…